Última entrada contando las últimas semanas por Minsk,
y ya habiendo abandonado Bielorrusia. No hubo tiempo antes. Lo que pasa ahora
es que sin tener a mano el facebook (estoy en un tren en algún lugar de
Polonia) resulta un poco difícil organizar mentalmente todos estos días, tiraré
de mala memoria e imaginación.
Han sido unas semanas en las que he sido “the last
warrior”, y es que todos los demás de la asociación ya habían emigrado hacia
sus respectivos nidos.
En mi querida residencia estuve hasta el final sin
compañero de habitación, un lujo al alcance de pocos, con dos vecinos made in
Libia en la contigua, uno de ellos muy majo, me daba tarta y frutas, me debía
ver delgado el hombre.
Por la empresa siguió todo como siempre, programando a
mi ritmo, y ni siquiera pude despedirme del jefe, así que no sé si dejé sin
firmar o sin hacer algún documento, lo que pasa que no pude pedirle una carta
de recomendación, :).
En cuanto a eventos socio-culturales reseñables, he
tenido los siguientes:
“21º cumpleaños de Sasha”: bielorrusa de nacimiento y
malagueña de adopción, aquí aprendí que en los cumpleaños bielorrusos no
importa demasiado la bebida, ni siquiera que el cumpleañero disfrute, lo que
importa es la comida, mucha comida y de buena calidad, en este caso, la
susodicha no durmió apenas la noche anterior preparando lo que sería comida
para 8 o 9 personas. Observé un hecho curioso: cierta invitada se rellenó un
tupper (¿se escribe así?) con las sobras del cumpleaños y se lo metió al bolso.
Recordad este detalle.
“20+++ cumpleaños de Nata”: bielorrusa por el día, por
la noche sueña con Italia primero y con España después. Esta vez la fiesta era
de gafas divertidas, volvimos a darlo todo con el twister y con el karaoke, por
cierto, que había quien se sabía mejor “la camisa negra” que yo, pero como
único hispano-hablante de la fiesta tuve el honor de hacer de voz principal
(si, al día siguiente hubo tormenta). Igual había 15 personas, pues no acabamos
con toda la comida... así que de nuevo a rellenar a los tuppers y para casa...
aquí ya me mosqueé y pregunté, y resulta que es normal, así que a mi me dieron
las sobras del arroz con champiñones. Muy rico. Al volver de esta fiesta fue el
pequeño roce con la policía, ¡y es que ellos querían ir con su coche por los
raíles del tranvía y yo también! Al final decidimos dejarles que siguieran su
camino.
“Festival de nombre olvidado”: vino gente de todo el
mundo que mostraban sus trabajos juntando vídeo con música electrónica. Yo de
estas cosas no entiendo mucho, pero estaba curioso, sobre todo por la
interculturalidad que había por ahí. Estuve charlando con unos mexicanos que
habían venido especialmente para eso, y también con unos españoles que andaban
por aquí de turismo y que quedaron extrañados de que alguien llevase allí dos
meses.
“Despedida de Fer” a.k.a “cumpleaños bielorruso de
Fer”: mi penúltima noche en Minsk lo dedicamos a beber sangría, comer tortilla
de patata, lasaña ¡y tarta! Por la tarta y porque me dieron algunos regalos de
despedida lo llamamos cumpleaños bielorruso, nos motivamos y pusimos velas en
la tarta y todo, ¡qué bonito! Uno de los regalos fue un alfabeto ruso con el
que me enseñaron ciertas palabras malsonantes en ruso, las cuales debido a mi
memoria temporal y al efecto de la sangría he olvidado. Unas horas antes de
todo esto estuve en la universidad en una clase de español, se aprovecharon
para hacerme preguntas y que comparase España con Bielorrusia. Pregunta
estrella de la profesora: “¿En España tenéis problemas de amor?”. Me quedé lo
que se dice “a cuadros”.
A parte de todo eso, hice una visitilla a un jardín
botánico, subí a la noria y ha caído alguna que otra cerveza.
Y eso fue todo por la Rusia Blanca, poco antes de
abandonarla me eché un nuevo amigo, al cuál le veréis en fotos de sus viajes
por Europa, el colega se llama U, en honor a la galería de arte donde le
encontré.
Ciudad diferente. País censurado. Gente fría por fuera
y entrañable por dentro.
Ahí quedan las caricaturas de los protagonistas:
Fernando (dicen las malas lenguas que no es español,
que nada de fútbol, que nada de bailar...)
Karl (cerveza y helados, muchos helados)
Olga (oh!)
Cagri (experto pescador, nunca conseguí pronunciar bien
su nombre)
Gokhan (¡no quiero fiesta de despedida!)
Patrick (educado y bienhablado inglés, no oses
pronunciar la palabra “fucking” en su presencia)
Vero (el japonés se aprende en un par de semanas,
¡donde va a parar!)
Sasha (si ha llegado hasta aquí leyendo es que está
mejorando mucho su español, to do to do)
Y toda esa gente que no está en la caricatura: Miguel,
Viktor, Paul, Ivan, Nata, los informáticos, las conserjes enfadadas del hostal,
el tío que me cambiaba los euros ilegalmente, la camarera que me colocaba en
una mesa para 4 cuando iba solo a comer, el libio que me daba tarta, y muchos
más.
Nos vemos por el mundo.


















